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Mural Journal Article - May 2011

Ana Paula Pieck Barrera conoció a Jean-Baptiste Belledent en el 2005, cuando ambos estudiaban en el Tec de Monterrey; ahí, el amor los unió y, dos años después, se casaron por lo civil en Francia, de donde es oriundo él. Durante los dos años que radicaron allá, ella concluyó un MBA en marketing y publicidad, mientras que él trabajaba en una empresa inmobiliaria, sin embargo, llegó el momento en que se cansaron del estrés citadino y decidieron regresar a México para buscar un estilo de vida distinto. ¿El resultado? La creación de un hotel ecológico al que pusieron por nombre Xinalani,
palabra que en náhuatl significa semilla, donde los amantes del yoga, como Ana Paula y Jean-Baptiste, pueden practicar tal disciplina envueltos por la relajante naturaleza de Puerto Vallarta. Ana Paula compartió en entrevista más detalles de cómo ambos cristalizaron sus sueños a través de este proyecto ecoturista, inaugurado en octubre del 2010. El principio de todo: el yoga Ana Paula ha sido una apasionada de esta disciplina desde hace siete años y contagió a su esposo a tal grado que ambos la practican diariamente por lo menos una hora. “Al principio fue difícil (para Jean-Baptiste) porque él jugaba rugby y windsurf, es el típico cuate grande, musculoso; poco a poco empezó a interesarse y se dio cuenta que es un deporte muy físico que requiere de mucha elasticidad y fuerza, que era un reto, él practica yoga (apenas) desde el 2008 y ya es mejor que yo”. Otra de las particularidades de esta actividad es que en ella no se compite con un oponente. “Es un deporte o disciplina física en donde te acompañas, donde vamos de la mano juntos haciendo la práctica; aparte, el yoga es una experiencia que, además de física, es muy espiritual y emocional, es muy padre compartirlo con alguien que te entienda y que sepa en el canal en el que estás, enriquece la comunicación que tenemos y es muy divertido”.

En el caso de Xinalani, donde el ejercicio se realiza en la playa, hay beneficios extra: el aire es más puro y la presión atmosférica es menor, por lo que se puede respirar mejor y la experiencia genera más energía, según explica Ana Paula.
“El yoga se hace mucho más ligero y el calor le da un toque delicioso porque los músculos se relajan, y el sonido del mar, que te acompaña durante la práctica, te ayuda a descansar tu mente, realmente hace que la
experiencia sea mucho más profunda. “Empiezas a disfrutar y a percibir todo
lo que se nos olvida en la ciudad, una práctica de yoga cerca del mar y en contacto con la naturaleza ayuda a que los beneficios sean mayores, te renueva”. En noviembre del 2010, apenas un mes después de su inauguración, el Xinalani fue nombrado por el Yoga Journal, una publicación especializada estadounidense, como uno de los mejores siete lugares para practicar yoga en el mundo, lo que es para Ana Paula y Jean-Baptiste una de sus satisfacciones más grandes.
“Es increíble ver las caras de nuestros clientes en el momento de su llegada y, luego, una semana después, en el momento de su salida, las arrugas de estrés desaparecieron, su cuerpo está relajado y su mente despejada”. Concepto verde A la hora de planear su proyecto, la pareja tenía un antecedente que los ayudó a definirse: su luna de miel la pasaron en Costa Rica, que los encantó con sus paisajes, así que desde entonces tenían el deseo de vivir cerca del mar.
“Yo estaba muy metida en el yoga y empezamos a investigar un nicho de hotelería que se llama yoga retreat, que mezcla tanto el turismo de bienestar como el ecológico; vimos que era un concepto que se podía globalizar y quisimos crear algo nuevo que no existiera en México”. Luego de un año y medio de buscar terreno en las costas del Pacífico, encontraron el sitio perfecto por Bahía de Banderas, cerca de un pueblo que se llama
Quimixto.

 

El hotel cuenta con 15 suites voladas que se sostienen en palafitos, lo que evita daños a la flora y la fauna del lugar; todas tienen vista al mar y biodigestores que reciclan las aguas negras del lavabo y las regaderas,
donde sólo se emplean jabones y champús biodegradables. No tienen aire acondicionado, pues su
construcción permite que la brisa del mar llegue libremente y las ventile. “Todo está hecho con materiales naturales como la madera, no hay cemento, el diseño es eco chic y no sacrifica el confort que ofrece un hotel boutique, además que todo encaja y se mezcla con el paisaje”. Labor de equipo Tanto para Ana Paula como para Jean-Baptiste, los retos más grandes que enfrentaron fueron el de estar las 24 horas del día juntos y aprender a separar los momentos de trabajo de los familiares. Tal proceso les ha ayudado a conservar la calma en las dificultades y a mantener
una comunicación más abierta y sincera. “Es un estilo de vida que tienes que aprender a llevar, pero que viene acompañado de muchas satisfacciones, somos muy unidos, ya nos leemos la mente en todo”. Ahora, lo que sigue para este matrimonio es convertir a Xinalani en un destino internacional de yoga y turismo de bienestar, que continúe generando proyectos ecológicos y apoyando a la comunidad local.

 

¡Y pensar que ambos comenzaron de cero, construyendo en un terreno selvático al que sólo se tiene acceso por panga!
Ser reconocidos internacionalmente es para ellos un sueño hecho realidad, resultado de su duro trabajo de equipo.

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